miércoles, 29 de mayo de 2013

Peña Amaya

Visitar la peña Amaya es retroceder al pasado más antiguo. Protegida por impresionantes precipicios, la peña ha estado poblada desde la Edad del Bronce, hace unos 3000 años. Fue capital de los cántabros, pueblo prerromano. El emperador Augusto la arrasó avanzando desde el cercano Sasamón hacia 29 a.C. Fue nuevamente repoblada por los cántabros que siempre la consideraron su capital, asomada a la meseta. Nuevamente, los godos, bajo el reinado de Leovigildo, la asaltaron en 574, matando a todos sus habitantes. Tras su repoblación, Tarik la conquistó de nuevo en 711. Finalmente, en 860 fue repoblada por el conde Rodrigo para Castilla. Tras el avance de las fronteras hacia el sur siguiendo la repoblación, pasó al olvido. Es posible aún ver restos arqueológicos y en las soledades de hoy, nos imaginamos cómo pudo haber sido en el pasado.


Peña Amaya




La actual Amaya, pueblo cercano a la peña, será el punto de partida. Se llega por Villadiego, desde donde hay que tomar la carretera que lleva a Sotresgudo y Amaya. Una vez en el pueblo, hay que coger una pista que sale del mismo casco urbano y bordea la peña por su flanco sur. Este camino nos dejará en un aparcamiento exactamente frente a la entrada por su lado SO.

Aparcamiento junto en la base de la peña.
En primer lugar, accedemos a la planicie inferior de la peña a través de un curioso pasadizo excavado en la roca viva. Es ésta la antigua entrada que daba acceso al castro fortificado y no se conoce la fecha de su construcción, sin duda muy antigua.

Canaleja entallada en la roca por donde se accede al poblado.
Una vez en el llano, es fácil divisar restos de edificaciones, ya que se ven perfectamente alineaciones de viviendas pertenecientes al antiguo poblado primero prerromano y luego medieval que se emplazó aquí.

Restos del antiguo poblado.
A nuestra izquierda, dominantes, las dos muelas rocosas que componen peña Amaya.
Comenzamos por la más cercana y de menor en tamaño: la llamada "el Castillo", por saberse que albergó una fortaleza medieval de la que hoy apenas quedan algunos fosos y restos difusos de muros.
Comenzaremos la ascensión por la ladera, guiados por una tenue trocha que va subiendo hasta la misma base de la roca sin ninguna dificultad.

Peña del Castillo.
Bordeamos la roca a la búsqueda de un portillo para subir a la meseta superior y lo encontramos por su lado este. A la izquierda según subimos vemos la otra muela o peña Amaya propiamente dicha. Por una pequeña canal, ascendemos y nos plantamos en la plataforma superior del Castillo. 
Restos del antiguo castillo, sobre la peña.
Subida a El Castillo.
Efectivamente es fácil descubrir los restos del antiguo castillo, ya que se aprecian fosos y terreno muy desigual con restos pétreos que sugieren que aquí hubo construcciones.
Las vistas son excepcionales. A nuestro lado, la imponente Peña de Albacastro, de la que nos separa un profundo vallejo frecuentado por rebaños de ovejas y vacas.
Frente a nosotros tenemos la peña Amaya principal. Más a la derecha, la Ulaña, la otra gigante de la lora burgalesa. Mirando hacia el sur, divisamos la meseta castellana sin límites. Las vistas alcanza muchos kilómetros. Se comprende el por qué fue este lugar tan estratégico para los antiguos cántabros. Su posición, a modo de atalaya avanzada, servía de vigilancia hacia el sur, desde donde venían todas las invasiones y peligros.

Panorámica de los restos del poblado desde lo alto de El Castillo.
Desde el castillo, bajamos por otra canal entre las rocas hasta portillo que separa las dos peñas y avanzamos por su lado izquierdo, junto a la imponente pared rocosa.

La peña Amaya desde el Castillo.
Descendemos al portillo desde la muela del Castillo.
Seguimos una estrecha senda pegada a la pared, a la búsqueda de algún portillo que nos permita subir a la meseta superior. 

Avanzamos junto la base de la pared buscando un portillo.

Recorrido apenas medio kilómetro, hallamos una clara abertura a nuestra derecha por donde sube una estrecha y herbosa senda entre las rocas. Nos incorporamos a través de ella fácilmente a la plataforma superior.

Pequeño portillo por donde accedemos a la Muela.
La meseta superior de la peña es una inmensa planicie rocosa y llana donde reina la desolación. Desde el punto donde hemos accedido, mirando a la izquierda, divisamos claramente el hito que nos indica donde se encuentra la cima. Sin pérdida alguna, sólo tenemos que avanzar hacia él llegando al extremo N. de la peña donde se asienta la máxima cota de Peña Amaya (1371 metros).

Cima de Peña Amaya (1370 metros).
Desde la cima, donde además de un hito, hay buzón y un refugio para el viento, observamos las loras más cercanas. A nuestra izquierda, si miramos hacia el norte, tenemos la espectacular Albacastro, inmensa. Frente a nosotros abajo, tras el pueblo de Rebolledo-Traspeña, divisamos la Peña Lora. A nuestra derecha, algo más alejada, la mole de la Peña Ulaña.

Vista de la Lora de Albacastro desde la cima de Peña Amaya.
Lora de Albacastro y Peña Lora (al fondo) desde Peña Amaya.
Vsta de la Peña Ulaña.
Sorprendemos un corzo sobre la planicie.
Emprendemos el regreso por el lado contrario al que hemos ascendido a la peña. Desde la cima caminamos unos doscientos metros hacia el este para encontrar con facilidad un portillo por el que descendemos sin mayores problemas. En los mapas se indica que existe una oquedad en la roca, llamada Cueva de los Muertos, pero no encontramos más que hendiduras y nada que se asemeje a una boca de cueva.

Portillo por el cual bajamos de la meseta superior de la peña.
Descendemos a un nivel inferior escalonado de la meseta superior y caminamos pegados a los ciclópeos muros que quedan a nuestra derecha. Avanzamos al encuentro del portillo o collado que separa las dos loras. De esta manera circunvalamos la totalidad de la peña y exploramos todos sus costados.
De las oquedades en la roca nos salen ruidosas chovas piquirrojas que chillan al detectar nuestra presencia. También observamos numerosos buitres sobrevolando pacientemente el valle entre las peñas Amaya y Ulaña.

Impresionantes paredones rocosos junto a los cuales avanzamos.
Retornamos por el flanco sur de la peña hacia el collado.
Siguiendo siempre la estrecha senda junto a la pared rocosa, llegamos al collado. Según nos acercamos, disfrutamos de otra perspectiva de la peña del Castillo ya explorada antes.
Desde su base, ya solo tenemos que descender ladera abajo hacia la canaleja de entrada y retornar al coche.

Vista de la peña cerca de Villamartín de Villadiego.
Las peñas Amaya y Albacastro vistas desde la Ulaña.


PEÑA AMAYA
DificultadBaja, pero atención al subir por los portillos.
CiclableNo.
CircularSí.
OrientaciónMuy fácil
Época recomendableTodo el año, aunque precaución en invierno con el frío y el hielo
InicioPista que sube del pueblo de Amaya
Distancia de Burgos68,6 kilómetros.
Tiempo total3 horas
Distancia total8,8 kilómetros.
InterésCastro celtibérico y medieval, geología, panorámicas sobre las loras y peñas cercanas.
Altitud mínima1143 m.
Altitud máxima1371 m.
Mapas
1:50000: 0166 Villadiego
1:25000: 0166-1 Amaya


Notas:

- Pese a los impresionantes precipicios, la ascensión y el recorrido en general no ofrece ninguna dificultad si se asciende y desciende con un mínimo de precaución.

- En días invernales puede hacer bastante viento y frío en la meseta superior.
- Para completar un recorrido por las loras, se recomienda realizar la ida por Villadiego y la vuelta por Talamillo del Tozo - carretera Burgos-Aguilar.
- Cerca de Amaya se halla Rebolledo de la Torre, cuya iglesia posee uno de los mejores pórticos románicos de la zona.
- Hay varias novelas históricas que relatan el asalto de Amaya por los godos en 574, como "Peña Amaya" de Pedro Santamaría e "Hijos de un rey godo", de María Gudín.


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Mapa topográfico

Perfil de elevación

Ver y descargar track en Wikiloc

4 comentarios:

  1. Los portillos, en especial el de subida, están pésimamente señalizados sobre el terreno. Esto, unido a los precipicios, hace que esta excursión se vuelva peligrosa para gente sin demasiada experiencia como es mi caso. Un lugar con seis mil visitantes anuales no puede presentar semejantes deficiencias. De hecho mucha gente desiste de subir hasta la cima.

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  2. Los portillos, en especial el de subida, están pésimamente señalizados sobre el terreno. Esto, unido a los precipicios, hace que esta excursión se vuelva peligrosa para gente sin demasiada experiencia como es mi caso. Un lugar con seis mil visitantes anuales no puede presentar semejantes deficiencias. De hecho mucha gente desiste de subir hasta la cima.

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  3. Es cierto que la subida no está señalizada y es necesario conocer el punto exacto en que se accede a la muela, porque no es evidente.

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  4. La Cueva de los Muertos está ubicada en un lateral de la Peña Amaya, encima del molino de Villamartin

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